5/1/08

El misterio de La Olla

Es un extraño lugar de las tierras mapuches. Dicen que trasmite energía positiva, fuerza espiritual y vinculación con aquello que no podemos comprender… Luces, extraterrestres, y situaciones inexplicables han sucedido en este “hueco en la tierra”. En este informe especial les contamos cómo es y que cosas pasan allí.


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Como encerrados en el relato de un cuento, decidimos emprender la marcha hacia este enigmático sitio de nuestra geografía lugareña. Convencidos de que íbamos tras un mito que nadie a ciencia cierta puede definir concretamente qué es, nos movimos a fin de dar cuenta por nuestra propia experiencia en qué consiste (o consistiría) este espacio extraño. Fueron, sin dudas, esa maraña de sentidos y ocurrencias las que nos empujaron a hacerlo. Y no fue en vano, porque si bien muchos relatos quedaron “para más adelante”, a los que accedimos nos permitirán tener una idea de esta extrañeza. Una idea, apenas, que mucho dista de la comprensión total.

Atravesamos la escultura que recuerda al indígena dueño de este rincón de nuestro Partido, y tomamos el camino que se desprende hacia la izquierda de la estatua. Ingresamos en el Cuartel II de Gral. Viamonte, el rectángulo que fuera cedido al Cacique y Coronel del Ejército Argentino Ignacio Coliqueo en el año 1866 y abarca 16.000 hectáreas.

“La tribu”, como se la nombra habitualmente, ya no es lo que era. Despoblada se encuentra hoy a comparación de lo que fue entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Mucha gente recuerda las gloriosas épocas en que los carnavales hacían sonar los pasodobles, las mazurcas y las milongas en esos ranchos que convocaban elevando una caña de tacuara sobre un árbol, de la que colgaban cintas de colores o banderines. Atrás quedaron aquellos campeonatos de fútbol con tantos equipos como hoy no podríamos imaginar: Resplandor, La Pradera, Chacarita, San Lorenzo, Cramer A, Cramer B, Huracán, Juventud Liberal, Atlético Independiente, algunos con más suerte e historia que otros. La tribu ya no es lo que era, es verdad, pero nadie puede negar que allí quedan todavía cuestiones, historias y personas que le valen en la actualidad suma atención.

Por sobre todo, la tribu encierra hoy ese magnetismo que en 1862 llamase la atención de Justo Coliqueo, mientras cazaba avestruces, y haría que su padre Ignacio decidiera radicarse, definitivamente -junto a miles de indígenas- en este lugar, llamado entonces “Tapera de Díaz” o más anteriormente “Médanos de agua”. Dando fin en este lugar a la extensa marcha que lo llevó a cruzar la cordillera de los Andes desde Temuco -Chile- , para pasar por patagonia, La Pampa, en cuarenta años de éxodo.

En “la tribu”, existen familias que han decidido no venirse al pueblo, viviendo en el mismo monte que sus padres o abuelos o bisabuelos, eligieron o les fuera cedido por los hijos de Ignacio en la repartición de esas tierras cuando “el cacique, murió”. Y también existen familias que han decidido irse a vivir al campo; están los talleres frente a la ex capilla; las casas; los pocos; las mismas lagunas, La Azotea y Salamanca, con su poder y encanto; y claro, también está La Olla.

Hay que continuar el camino real para llegar. Atravesar la escuela 6, e ir doblando hacia los caminos que se desprenden a la derecha, perfilando el andar hacia la Escuela 18. Luego de atravesar angostos y curvos caminos uno llega a un pequeño monte en donde se ubica el establecimiento educativo y un cruce. Ya estamos en lo que se llama “La Rinconada”, por ser una zona que va arrinconando al visitante. Si uno continúa derecho, llegará a Tucum Vule, que es la casa y Taller de Telar de los Pilquil; y si uno dobla, nuevamente hacia la derecha, bastará hacer 200 metros y entonces un cartel de la dirección de turismo, indicará el sitio exacto.


La olla fue tomada como centro energético desde hace tiempo. Josefina que se educó en el lugar nos relató que “cuando la familia de mí Mamá se repartieron el campo, a mí mamá, Andrea Esperanza, le toco la parte en donde está la olla. El campo no nos servía para mucho, pero me acuerdo que cuando era chica, a los chicos de la tribu que iban a la escuela los hacían bajar adentro y salían con energía para estudiar. Me acuerdo que a mí me daba vértigo mirar para abajo”.
Alberto Ponce también nos confesó que de a caballo sentís la presencia de cosas raras. “Si vas con un caballo, el caballo baja desconfiando, y para salir, sale mas rápido que otro”.

EL NOMBRE Y EL AGUA
Nosotros preferimos seguir, rumbo a lo de Pilquil. Y ver si hay alguien que nos atienda y nos aclare un poco. El taller de telar está cerrado, pero pronto nos recibe Don Reinaldo Alfredo Pilquil. Nos cuenta que su madre Rafaela y su tía Mabel se han ido al pueblo a vivir. “Mamá tiene 83 años”, nos dice.
La primera cuestión que remarca Pilquil es la del nombre. “Nunca se llamó La Olla, ese nombre se lo puso Morroni y el “Tata” Nahuel. En realidad este sitio siempre se llamó “La loma Colorada”. Así lo conocía mi madre, su madre, y todos los vecinos del lugar…” “yo desde que tengo conocimiento fue “loma colorada”, remarca Reinaldo.
El motivo de este nombre es porque “es una loma de tierra mas vale colorada. De ahí viene pasto natural. Un yuyo alto, como un espinillo, y hay roseta a granel y sale como un fruto colorado. Según mi madre y abuela, siempre hubo ahí una hondonada, pero no tan profunda como la vemos ahora. Debe tener como 10 metros de profundidad” dice, levantando las cejas.

Y enseguida nomás quisimos saber si él vio algo “extraño” alguna vez y si sabe o escucho sobre las “utilidades” que pudiesen darle los mapuches de la primera generación en este rincón bonaerense (cuando aún no era bonaerense). “Se dicen muchas cosas.-remarca- Según la gente mayor nunca se uso para los indios, otros dicen que se usó como resguardo del ejército…”.
Pilquil vive aquí desde que nació. “Yo nací en el 46’ en este lugar, por parto natural y nos atendió nuestra abuela. En esa época cada monte era una casa.” ¿Y puede ser que nunca haya visto nada? “Yo viví toda la vida acá y nunca ví nada. Una vez hubo una luz. Hubo gente que se asusto, era una luz tremenda. Y al otro día fuimos, y había como quemado. Pero para mí fue una bengala o algo así, no puede ser que cuando ellos vienen, aparezca algo”. Pero…¿Nunca? “Ahí nunca vi nada, pero donde vivía mi tía, sí se veían luces, y no eran normales. No sé. Y lo que te puedo contar es cuando fue cerca del 2000 la gran inundación, las lagunas se habían emparejado con las lomas, todo era agua, y ahí, no había nada de agua”. Ese relato es común en los pobladores o chacareros que andan por la zona. Siempre pasó lo mismo, cuando todo esta inundado, la hoya se mantiene seca, pese a tener quizás mas profundidad que las mismas lagunas.

Patricia Larrinaga, con quien también nos encontramos para hablar sobre este sitio, nos relata su experiencia. “Lo misterioso fue lo que paso en las inundaciones. Todo alrededor estaba inundado. No podíamos pasar. Y con Hugo (Sacchi, su marido) salimos por Naón, El Tejar, y no sé por donde llegamos, porque estaba todo inundado. Y adentro no había nada mojado. Y mirá que es profundo! No se podía pasar por ningún lado con el agua que había, yo digo, por lo menos las napas…! Pero nada, estaba seco. Completamente seco! … algo hay”.


Alberto Ponce, que tuvo el campo lindero, nos contó también que incluso hasta llegaron a tomar tierra de ahí para las inundaciones de los ochenta. Después “la borraron, sacaron tierra para los caminos de la tribu. Toda la estancia “La Marta” la rellenaron con esa tierra. Quedo lisita, y después, inexplicable, se hizo de vuelta”. Y remata, “Otra es que cuando llueve a cántaros, te parás en el centro y no te mojas. Lo hice yo a eso. Y en verano quema dos o tres veces mas que arriba. Algo… hay”

UN TRIANGULO ENERGÉTICO
Patricia cuenta que un día, Hugo vino contento porque había descubierto que la olla formaba un vértice con otras 3 hondonadas dispersas por el planeta. Entre las 3, formaban un triangulo energético. “Hugo investigaba sobre eso, pero yo no encontré nada escrito, no sé si dejó algo o no. Pienso que no”.
El testimonio de Patricia concuerda con el de Ponce, quién vivió la experiencia de encontrar gente extranjera en el lugar haciendo mediciones de energía con aparatos de última generación. Según Ponce “eran 3 personas que vinieron en dos 4x4. Y uno de ellos hablaba en español. Me preguntaron cosas, pero yo no estaba interesado en esas cosas. Así que mucho no pregunté. Dijeron que hay 3 ollas iguales en el mundo. Y según ellos, poseen energía positiva (…) Vinieron con aparatos que median todo. Recuerdo que uno de ellos se paro en el centro y se levanto del piso como 50 cm. Lo vi yo, nadie me lo contó. Estaba como flotando, no ser movía para ningún lado, solo flotaba. (…) Yo les di permiso para que se quedaran ahí, en un ranchito abandonado que había y les preste la llave, tenían unas carpas bárbaras. Al otro día me dieron 500 pesos (era un platal) y una campera de cuero hermosa en agradecimiento. Se quedaron 3 días trabajando en el pozo.(…) Bajaban, subían…. Pusieron unas varillas blancas y rojas arriba de la loma y cruzaron cables, y de esos cables bajaban más cables a la hoya. Era como una cruz superior, y de ahí, bajaban, como si fueran plomadas. Todo muy medido”, recuerdan Ponce y su señora.

Intentamos buscar información al respecto pero no logramos ubicar nada. Seguramente Hugo Sacchi podría habernos interiorizado en el tema, pero lamentablemente ya no está, físicamente, con nosotros. De todas maneras el testimonio de Ponce alcanza por haber sido testigo directo de la presencia de gente midiendo y exponiendo esa postura.

Que las hay… las hay
Las historias se nutren una a otra. Los relatos se engrosarán seguramente luego de esta publicación. Quien fue al sitio probablemente compartirá con estos testimonios la certeza de que en el fondo del espíritu de cada uno, algo sucedió al bajar a la hondonada.
Algunos han ido por las noches, y habrán podido apreciar un cielo limpio y hermoso, y también seguramente, luces extrañas que se mueven desordenadamente o aproximadamente, entre el cielo y la tierra.
De día se habrán recostado en su centro y percibido esa energía positiva que se expande entre las lomas, desde abajo y desde los costados.
Estarán aquellos que en su interior refutarán todo lo que del lugar se diga, aunque para ellos, la mágica posibilidad de vivenciarlo, nunca se dará.

Nosotros nos quedaremos con las certezas de los rostros entusiastas de aquellos que lo vivieron y lo contaron. Nos quedaremos con el secreto y la intriga de un sitio que parece estar más allá de nuestra condición terrenal y nos deja, mágicamente, con la confianza de que nunca vamos a develar el enigmático misterio de…. La Olla.

EL VIDEO QUE GANO EN MAR DEL PLATA

En el año 2006 un grupo de jóvenes toldenses realizaron un cortometraje ficcional llamado “La Loma Roja” que compitió en los Torneos Juveniles Bonaerenses. Se trataba de un informe en el que los chicos cuentan detalles de los mitos que giran en torno a La Olla y exponen entrevistas a Rafaela Lepiman, Mariana Ibarra, Raúl Videla, Dionisia Carranza, Hugo Laurens y otros, relatando experiencias como las que acompañan este informe.
Sus creadores fueron Ariel Laurens, quien dirigió y uso la cámara; Stefano Franco que realizó las entrevistas; y Mariano Oliver que trabajó en iluminación y sonido.
El video compitió con 123 trabajos de los cuales 5 pasaron a la ronda final en Mar del Plata, entre los que estaba éste.
Ante la atenta mirada de un jurado impecable compuesto por directores y operarios de cine nacionales e internacionales, el trabajo audiovisual de los chicos toldenses resultó el ganador llevándose la medalla de oro.


HISTORIAS DEL POZO ENERGETICO

LOS CIRCULOS
Patricia Larrinaga nos relató algo que Rodolfo Coliqueo también asegura haber visto en el lugar, pero de forma cuadrada.
“Te digo lo que yo viví -dice Patricia-. Eran comienzos de primavera, era una de las primeras veces que iba. Estaba todo el pasto reverdecido adentro. Cuando vos entras, de frente, mirando al fondo había tres círculos que tendrían 2 metros cada uno, dispuestos uniformemente. Marcadas sus circunferencias, bien distinguidos. Después volvimos un 17 de abril, cuando comienza el otoño. Estaban todos los pastos secos, y los tres círculos se notaban, porque todo era roseta y estos círculos no poseían. Era diferente”.


LA HISTORIA DEL AMULETO
“Hay energía -asegura Reinaldo Pilquil-. SI vas, encontras una paz particular. Uno tiene creencias mapuches, y que las hay las hay. En el hoyo de la loma hay una tranquilidad muy profunda”.
“Este amuleto viene de la zanja de Alsina. Un artesano me lo dio en Villa Cañas. Él no lo pudo usarlo porque le daba malas ondas. Yo te lo regalo porque sos mapuche me dijo, y a lo mejor vos lo podes usar. Y yo tampoco podía. Me causaba fastidio, malestar, y fui a la hoya y pedí a Nguenechen. Y di cuatro vueltas a la izquierda, siempre mirando a la salida del sol. Le pedí usarlo y desde ese día me cambio la vida. Suerte tengo, y nunca mas me lo saque, lo que me proponga hacer lo consigo. Me esta saliendo el hilado, después de 50 años, y otras cosas, la salud de mi vieja, que con 83 años la tengo conmigo… Ahí, hay algo. Y de noche, mejor. Mapuche o como quieras ser o verlo. Para mi Dios es uno solo, y la energía esta puesta ahí, en ese lugar.
Dicen muchas cosas. Ha venido gente que definen este lugar como uno de tres puntos energéticos. A veces parecen que vienen ruidos desde abajo, o desde arriba.
Que digan lo que quieran pero yo digo: Que las hay, las hay”.

LA LUZ QUE PASO CERCA

Alberto Ponce y Susana Piazzi nos relataron algo muy particular que vivieron en el lugar, próximos a la hoya. “Era época de la cosecha de trigo. Nosotros fuimos como a las 12 de la noche, a buscar las vacas que se habían salido, y de pronto, en el medio de la noche, apareció una luz grandota como esta pieza que venía al ras del agua de la laguna “La Marta” que está ahí al lado. Se nos venía encima y nos pasó por arriba, volvió a bajar, y trepó por la loma y rápidamente se metió adentro de la hoya. Y se apagó. Nos asustamos mucho y nos vinimos rajando…. Se hizo como de día, una luz impresionante.
Y al otro día volví y fui a ver al medio del pozo, y en el centro mismo había cenizas, como de un asado. Me dejó pensando...”

“Era como un fogonazo grande, muy grande. Después conté y muchos me dijeron que se veían luces así. Por ejemplo “Jujuy” Videla, que vivía en el ranchito cerca, me dijo que siempre veía luces así. “No te asustes me decía”. Y me contó que cuando había poca luna, más aparecían…”.

3 comentarios:

  1. Hola!!!!

    Manuela, no sé si debo llamarte así, te vengo a pedir permiso para nombrarte en mi blog, es que estuve en tus pagos y como vos explicas tan bien los de la olla, derivo a mis lectores a tu blog..

    Un abrazo de oso.

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  2. La información está para divulgarse, así que adelante y muchas gracias por el aviso

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  3. HOLA.... INTERESANTÍSIMA HISTORIA. LA VAMOS A DIFUNDIR, CON LOS CRÉDITOS CORRESPONDIENTES, EN EL DIARIO CRÓNICA. MUCHAS GRACIAS Y SI TIENEN MÁS HISTORIAS COMO ESTAS, NOS LAS PUEDEN HACER LLEGAR A jfgentile2002@yahoo.com.ar

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