7/5/10

Evita: Aquellos Años en Los Toldos

Evita a los 10 años. Foto inédita
Evita nació en Los Toldos un 7 de Mayo de 1919, donde vivió junto a su madre Juana Ibarguren y sus hermanos Blanca, Elisa, Juan, y Erminda. Fue bautizada en la Iglesia vieja a donde asistía asiduamente. Fue a la Escuela Nº 1 frente a la plaza. Un día, junto a toda su familia, se fue para siempre. En el día en el que hubiera cumplido 91 años recordamos su pasado toldense mediante una parte del informe especial que dedicamos a su figura el año pasado

txt: Antonio A. Adamini

La historia de la infancia y juventud de Eva Perón en Los Toldos fue repasada desde todas las ópticas posibles. Si bien los datos suelen transponerse unos con otros en algunos detalles, y los testimonios de donde aferrarse ya no existen, luego de tantos “amigos de la infancia”, “amigos de la familia” y el interés de importantes historiadores e intelectuales, los datos pueden definirse en un orden cronológico fehaciente.


Nacimiento

Casco de la Estancia La Unión
Evita nació bajo el nombre de Eva María Ibarguren un 7 de Mayo de 1919 en un rancho de la Estancia “La Unión”, próxima unos 20 Km a Los Toldos, en el Cuartel II del Partido de General Viamonte. Su partera fue Juana Guaiquil de Rawson, una señora que se daba mano para ayudar en los partos de las familias que habitaban los campos mapuches de la Tribu de Coliqueo en la primera mitad del Siglo XX.

Fue hija natural de Juana Ibarguren, oriunda de Los Toldos, y de Juan Duarte, oriundo de Chivilcoy. Da cuenta de ello el Acta de Bautismo, en el libro 14 Folio 495 de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar de Los Toldos. “El acta de bautismo es el único documento de infancia fidedigno de Eva” dijo reiteradas veces su confesor el Padre Hernán Benítez. Fue bautizada en la “Iglesia vieja” un 21 de noviembre de 1919 por el Padre Carmelo Vicone y sus padrinos serían Antonio Ochotorena y Paz Michotorena, ambos vecinos del campo y conocidos de Doña Juana.
Antigua Iglesia de Los Toldos

Cuando su amigo, el padre Benítez, afirma que es el único “documento fidedigno de su infancia” da cuenta de la posterior inscripción del año 1945 en el registro civil de Junín como nacida en el año 1922 y con apellido Duarte. En realidad Eva nace en Los Toldos el 7 de Mayo de 1919, como da cuenta el acta bautismal. La historia de la desaparición de la hoja del registro civil y su inscripción en Junín es motivo de otro artículo de esta publicación.


Papá y Mamá

La estancia “La Unión” pertenecía a la familia de un importante político conservador de nuestro pueblo llamado Juan A. Malcom, quien fuese comisionado de Los Toldos en el año 1912 e Intendente del año 1913 a 1917. Malcom tuvo trato con Juan Duarte, un hombre acomodado de la época que vivía en Chivilcoy y a quien Malcom le arrendó la Estancia. Malcom y Duarte compartían posiciones políticas conservadoras y la estancia era escenario de encuentros o mítines políticos. En vino, proclamas y pólvora, se podrían resumir aquellos tiempos. En ese escenario vivieron la niñez los hermanos de Evita que nacieron en el siguiente orden: Blanca 1908; Elisa 1910; Juan Ramón 1914; Erminda 1916 y finalmente Eva María 1919.

Doña Juana, mamá de Evita
Juana Ibarguren era hija de Joaquín Ibarguren y Petrona Núñez. Los Núñez, también tenían su presencia en Los Toldos de principio de Siglo, incluso, fueron algo así como rivales de Electo Urquizo, el fundador de Los Toldos, por la disputa de venta de solares para la creación del nuevo pueblo. Don Espíritu Núñez, junto a su hermano Diógenes Núñez, poseían un amplio terreno que era limítrofe con el de Urquizo y vendieron solares como el tucumano, pero éste nunca pudo convencerlos de que le vendieran el pedazo entero a él así se convertía en el único fundador. Por ejemplo la zona donde hoy se conoce como Maravello, la Blanqueada y el Barrio Obrero era de los Núñez. Petrona, la madre de Juana y abuela de Evita, fue hermana o prima (no es seguro) de ellos. La abuela de Evita está enterrada en el cementerio de Los Toldos.
Juan Duarte, papá de Evita

Juan Duarte poseía su familia “oficial” en Chivilcoy y su familia “no oficial” en La Unión. Su esposa, Adela D`Huart, que era prima de él, solía venir de visita a “La Unión” y allí tendían a complicarse las cosas. Pero Duarte siempre dejó en claro su estado “social” de “hombre de bien” con su correcto matrimonio, dando un segundo lugar a la “prole de Doña Juana”. De allí que Evita haya sido inscripta en el Registro Civil de Los Toldos con el apellido de su madre “Ibarguren”.

Venirse al pueblo

Duarte, no se conoce el año preciso (se cree que en 1920), se vuelve a vivir a Chivilcoy y deja a Doña Juana sola, con sus 5 hijos. De acuerdo a los testimonios de época, Doña Juana era una mujer fuerte y decidida. El que haya sostenido a sus hijos hasta sus realizaciones individuales da cuenta de ello.

Hns. Duarte, Eva está en camino
Los “Ibarguren Duarte” se vienen al pueblo. Viven en diferentes casas hasta llegar a la definitiva en donde hoy se encuentra el Museo Casa Natal. De acuerdo al testimonio de Elías Bechara Roucos (que llevaba a Evita al colegio) y de Ismael Tartaglini, Doña Juana vivió en una casa en la que hoy vive la familia Musolino, luego en la casa de los Martín en la hoy calle Lettieri a media cuadra de la plaza y al fin en la casa de la ex calle Francia hoy calle Eva Perón al 1021.

Doña Juana se dedicó a la costura. “Cocía para afuera” como se decía entonces, en su máquina de coser “New Home” que hoy se expone en el Museo de Los Toldos. Era una mujer muy trabajadora. Su hijo Juancito comenzó a trabajar en un almacén y una de sus hijas, Elisa, ingresó a trabajar en el Correo de Los Toldos luego de contactos de la familia de Doña Juana con el gobierno conservador.

Evita (der) con sus hermanos
El 8 de enero de 1926, Juan Duarte muere en un accidente automovilístico a los 65 años. La famosa anécdota obtenida por Don Arturo Jauretche recuerda que aquel día en que le avisaron a Doña Juana, ella consiguió un automóvil y chofer, y se trasladó junto a todos sus hijos al velorio en la localidad de Chivilcoy. Al ver llegar a Doña Juana con “los hijos naturales” que su padre tenía en Los Toldos Eloísa Duarte, media hermana de Eva, se puso furiosa e increpó a los gritos a los visitantes. Se dijo erróneamente que la reacción había sido de la mujer de Duarte, pero en realidad ésta había fallecido en el año 1922. La intervención de Luis Grisolía y Alberto Calderón pacificaron el momento y Doña Juana y sus hijos pudieron despedir a Duarte y acompañar su féretro hasta el cementerio, junto a todos los demás.

Eva en su comunión.
Erminda Duarte, hermana de Eva, en su libro “Mi hermana Evita” cuenta “Nuestra madre nos alzó, nos ayudó a besarlo mientras -¿cómo adivinarlo entonces?- sellábamos silenciosamente un pacto de sólida unión en torno a ella, viendo como su dolor se transfigura ante la necesidad de sustituirlo a él y asumir desde ese mismo día todas las responsabilidades con un estoicismo que tenía un solo sentido: el de fortalecernos”. Algo que sin duda caracterizaría a la familia, su gran unión en torno a Juana, incluso cuando todos se trasladan a Buenos Aires y Eva es primera dama.

Desde entonces, el vínculo de los Duarte “naturales” con los Duarte “oficiales” fue bueno. No era una relación asidua pero sí presente. Incluso, se relata un episodio en el que Evita, ya primera dama, se apersona en el estudio que un Grisolía tenía en Buenos Aires para “avisarle” que iban a comenzar el apriete contra los oligarcas que querían “golpear” al gobierno. “Tómese vacaciones Grisolía”, le dijo Evita en esa oportunidad y le dio la mano. Pero eso será otra historia.

La Escuela, la pobreza y los recuerdos de beneficencia

Evita y Erminda concurrían a la Escuela Nº 1, en calle Mitre, ubicada frente a la Plaza Bernardino Rivadavia de Los Toldos. Fue inscripta en el año 1927 y sus maestras de 1º y 2º grado fueron Isabel Liciaga de Torregiani y Nidia De la Torre de Dilagosto. Cursó 2º grado en 1928, repitiendo el mismo en 1929. Sobre un total de 184 días faltó 48. De acuerdo a información de Carlos Mac Donnell, los hijos de Valentín Leguizamón poseen un documento imprescindible. Se trata de la planilla de Registro de Alumnos de la Escuela Nº1 donde puede observarse que Evita firmaba “Eva Duarte”. De acuerdo a algunos testimonios se sospecha que también concurrió a la Escuela Nº 2 de Los Toldos, hoy desaparecida. Pero no hay registros ni datos precisos.

Fachada de la Escuela 1, Los Toldos
A partir de su vida en sociedad en la Escuela, y luego del episodio del velorio de su padre, la razón de la pequeña Evita comienza a configurar su percepción sobre los vínculos sociales y las oportunidades que le tocan a cada cual. La pobreza se apersona en su vida, la situación no es fácil en el barrio toldense, ni en las relaciones sociales que vivencia en la escuela a través de las madres de los otros niños, que comienzan a hacerle ver que ella no es bien recibida, ni “buena junta” para los “niños bien”. De todos modos, el esfuerzo de su madre y la ligazón con sus hermanos no la desbarranca.

En La Razón de mí vida (1951), hay algunos fragmentos que podemos identificar con aquellas experiencias de niña en Los Toldos. Seguramente incorporó en su experiencia en nuestra localidad mucho de desgarro interior, que se debió haber dado en menor medida en Junín donde tuvieron un pasar más estable. “Desde que yo me acuerdo, cada injusticia me hace doler el alma como si se me clavase algo en ella. De cada edad guardo un recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome íntimamente. La limosna para mí fue siempre un placer de los ricos; el placer desalmado de excitar el deseo de los pobres sin dejarlo nunca satisfecho. Y para eso, para que la limosna fuera aún más miserable y más cruel, inventaron la beneficencia y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres. La limosna y la beneficencia son, para mí, ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes”.

Erminia y Evita (der)
“Para ver la pobreza y la miseria no basta con asomarse y mirarla. La pobreza y la miseria no se dejan ver así tan fácilmente en toda la magnitud de su dolor, porque aún en la mas triste situación de necesidad el hombre y mas todavía la mujer saben imaginárselas para disimular, un poco al menos, su propio espectáculo (…) Allí donde cuando hay cama no suele haber colchones o viceversa; o ¡donde simplemente hay una sola cama para todos…! ¡Y todos suelen ser siete u ocho o más personas: padres, hijos, abuelos…! Los pisos de los ranchos, casillas y conventillos suelen ser de tierra limpia. ¡Por los techos suelen filtrarse la lluvia y el frío…! No solamente la luz de las estrellas, que esto sería lo poético y lo romántico! Allí nacen los hijos y con ellos se agrega a la familia un problema que empieza a crecer. Los ricos todavía creen que cada hijo trae, según un viejo proverbio, su pan debajo del brazo; y que donde comen tres bocas hay también para cuatro. ¡Cómo se ve que nunca han visto de cerca la pobreza! Yo también los he visto volver a casa con el hijo muerto entre los brazos para dejarlo allí sobre una mesa y salir luego a buscar un ataúd como antes buscaron médico y remedios: desesperadamente. Los ricos suelen decir: “No tienen sensibilidad ¿no ve que ni siquiera lloran cuando se les muere un hijo? Y no se dan cuenta que tal vez ellos, los ricos, los que todo lo tienen, les han quitado a los pobres hasta el derecho de llorar”.

Fermín Chávez, un gran historiador del peronismo, escribe en su libro “Eva Perón. Sin mitos”: “Los testimonios recogidos en Los Toldos y Junín no se contradicen, por lo general. Ellos hablan de una chica seria, pero no retraída, y con la virtud de adivinar el sentir de la gente. Se dice también que no era de muchos amigos, y en esto tendrían que ver las habladurías de la gente con relación a su madre. Sus notas de la escuela primaria revelan, ante todo, buena conducta y su interés por el canto y la música. Agreguemos poco afán por las matemáticas”.

Eva (izq) en la escuela. Foto inédita
Nidia de la Torre de Dilagosto, que fue su maestra en Los Toldos, dijo en la investigación de Otelo Borroni y Roberto Vacca: “…recuerdo nítidamente la expresión de sus ojos: igual a la que exhibió durante todo el resto de su vida. Era más bien callada y no tenía amigos. Me parece recordar que las madres aconsejaban a sus hijos no acercarse mucho a ella y a sus hermanas”. Un fiel reflejo de una época donde la hipocresía y el resentimiento se hacía en estas señoras de bien que culpaban y rechazaban a la pobre criatura por las actitudes de sus propios maridos, que como Juan Duarte, poseían “otras familias”. Eso, en esa corta edad, se siente y mucho.

Rumbo a Junín

Llegando al año 30’ la familia decide irse a vivir a Junín. Un testimonio de Pascual Lettieri, ex intendente de Los Toldos, da detalles de esa partida: “Yo conocí poco a esa familia. Hasta que un día me anunciaron que la señora Ibarguren quería verme. Me avisaron de quién era esa mujer. Había sido compañera de Juan Duarte, un rival político, uno de los que me tenían loco desde hace tiempo (…) entró Doña Juana y me dijo: “Señor, no eche a mi hija del correo”. Porque Elisa había entrado al correo por otro intendente conservador. Entonces le dije que Elisa no podía seguir en el correo de Los Toldos. Entonces ella largo el llanto. (…) le ofrecí trasladar a su hija a otra parte. Se ve que la vieja tenía ya la respuesta preparada porque enseguida me dijo: “¡A Junín!” Arreglé todo para ir al correo en esos días, pero me desconfió. Me preguntó si podía acompañarnos al correo un diputado medio pariente de ella de apellido Núñez y que era mi rival político. A los pocos días ya tenía el traslado”.

Fachade la la casa de Eva
La posibilidad de sostener el trabajo de Elisa, sumado al deseo de Blanca de estudiar para ser maestra, hace que decidan probar nuevos aires en la localidad de Junín, distante 50 Km de Los Toldos. Y un día del año 1930, mientras la crisis global golpea a las grandes naciones del mundo, los “Ibarguren Duarte” tomarán rumbo a una nueva vida en la ciudad.

La familia de Doña Juana mira por última vez la casa de calle Francia 1021 donde vivieron tantas cosas acompañados por el ruido de la máquina “New Home”, compañera de aquellas horas que quedaría para siempre en Los Toldos. Con algunas maletas y bolsones recorren por última vez las calles de tierra de un pueblo que comenzaba a crecer. La plaza, la escuela, los juegos, los terrenos extensos, las vías, los amigos, los primos… y se van.

A partir de entonces ya nada volvería a ser igual.


ANEXO:La Historia De La Hoja Del Registro Civil

El Dedo en la Matrix

Infinidad de historias se tejieron sobre los motivos por los que fue arrancada la hoja que daba cuenta del nacimiento de Evita en Los Toldos del año 1919. El mito superó a la realidad década tras década e involucró prejuicios y hasta el sostenimiento de un odio basado en el anti peronismo. Aquí, con el propio libro del registro civil entre las manos, contamos la verdad de lo que ocurrió y aportamos datos para entender por qué sucedió.

Nunca olvidaré el momento en que tuve en mis manos ese libro tan particular para esta historia chica. Ese libro que hoy descansa en el Registro Civil de Los Toldos y alguna vez tuvo inscripto sobre sus hojas un nombre que parecía quemarlo… El nombre de una mujer que se llamó Eva María Ibarguren y que luego cambio su apellido por Duarte y que luego ya ni mujer, ni niña fue huracán, tormenta, mito glorioso de la historia de una Argentina que despertó a su realidad profunda y que entonces más que niña mujer o mito, se convirtió en la esencia misma del concepto Revolución. Nunca olvidaré digo, el momento en que tuve entre mis manos ese libro que cargo con la responsabilidad de llevar una hoja que tuvo inscripto un nombre sinónimo de Revolución. Era imposible un destino manso para su existencia.

Acta de bautismo de Eva
Libro a libro se suceden uno tras otro. Se repiten en las estanterías de los archivos del Registro Civil de General Viamonte, distinguidos por año, desde principio de siglo, 1909, supongo. Al descubierto, sin más protección que el tiempo, son consultados diariamente para los trámites diversos de los miles de habitantes que, como “las Duarte” hemos respirado este aire pampeano y que de tanto en tanto, cuando las dirigencias lo exigen, vamos en busca de constancias y fechas de partidas de nacimiento, fallecimientos, casorios...

Los libros, por supuesto, no están a la alcance de los ciudadanos comunes, solo los empleados administrativos pueden rozar sus dedos en esta Matrix incipiente y prehistórica, registro exhaustivo de nuestra humanidad pueblerina. Pero por esas cosas del destino, que no viene al caso ahora, y por ende ya no lo vendrán nunca, tuve acceso a ese espacio y puntualmente a “ese libro”. Dije y digo que tengo el recuerdo presente en mí y sospecho que ya no lo olvidaré nunca. Quizás, se mezcle un poco de imaginación, pero no me importa. Su cobertura color entre blanquecina y ocre, similar a todos los demás, y el número gigante en tipografía manual escrito con fibra roja sobre el lomo: “1919”.

Alguien, quien me permitió tomarlo entre mis manos, me dice “Andá al folio 183”. Yo, sabiendo que ese momento iba a ser único e irrepetible (suelo asignar esas condiciones a momentos ínfimos, ya es costumbre) comencé a pasar una tras otras las pulcras hojas. Los nombres se iban sucediendo delante de mí. Cada nombre, una historia pensaba, una historia de Los Toldos de aquellos años… ¿Quiénes serían? ¿Qué harían? ¿Por qué calles habrán transitado esos primeros pobladores de esta pequeña urbe? Me acercaba a ese número. Ciento ochenta y tres me repetía enfermo de expectativa… Hasta que llegué al ciento ochenta y me detuve. Comencé a imaginar una historia de espionaje. Llamados desde importantes oficinas de Buenos Aires, persianas bajas, horas insólitas. Hombres de sombrero y gabardina, cubiertos de miradas indiscretas, de miradas que pudieran ser memoriosas… Ciento ochenta y dos; el edificio debió haber sido una vieja construcción en los años 40’, ventanas altas, escritorios labrados, tinta y papeleta. Corbatas, mate y gomina. Al otro lado de las páginas estaría lo más sublime de ese momento en mí. Pese a las imaginaciones, las siluetas sospechosas, y los hombres de bigotes finos, deje que todo se esfumara de mi mente y ya sin más, di vuelta la página. Ciento ochenta y cinco.

El folio Nº 183 había desaparecido, ya no estaba en ese libro al que debió pertenecer. Alguien lo había arrancado.

Tiempo antes, e incluso ahora me sigue pasando, había escuchado infinidad de veces frases de que esa hoja había sido hecha arrancar por la propia Evita para no dejar huellas de su nacimiento en Los Toldos. La lectura apuntaba a una especie de revancha contra este “pueblo lleno de oligarcas y piojos resucitados…” Las frases decían, dicen, que Evita ordenó quemar sus pruebas de nacimiento para borrar toda vinculación con Los Toldos, ese lugar que les había hecho pasar las mil y una a ella, pobre criatura, a sus hermanos y sobre todo a su madre, Doña Juana, de quién se dijo cualquier barbaridad. Dónde se vio! Una troupe de hijos naturales!! Todos a cargo de esa mujer de dudosas reputaciones… “Los Toldos trató tan mal a Doña Juana que tuvo que irse a Junín para no volver jamás”, “tanto odiaron a este pueblo que cuando llegaron allá arriba decían que eran de Junín!” La hija natural tomaba revancha en esta novela pueblerina. Y (perdonen la expresión) se cagaba en este pueblito de morondanga.

Cuánta imaginación… Pensaba luego de dejar para siempre aquel libro del año 1919 ¿Cómo se puede sostener que Evita hizo arrancar la hoja del registro civil de Los Toldos para borrar la huella de sus orígenes? ¡Cuánta arrogancia de nuestros coterráneos! Seguramente Doña Juana y sus hijos sufrieron la discriminación de una sociedad toldense hipócrita de principios de siglo que aceptaba “la doble moral” de Duarte (quien tenía su familia en Chivilcoy) y no la de las Doña Juana. Donde ser un hijo natural era algo muy próximo al pecado, y si encima era pobre… Bueno, ni les cuento. Pero de ahí a ¿Borrar sus huellas por despecho a esta sociedad? ¿Odiar Los Toldos? Particularmente no creo que haya tenido relevancia en Evita esta localidad.

¿Qué fue Los Toldos para Evita como para que ella nos deba algo? Nada señores. Los Toldos no fue absolutamente nada para Evita. O mejor (para que no suene así), fue el pueblo donde nació, vivió unos años de su infancia y del que luego se fue. No tuvo porque deber pagarle algo a este pueblo nuestro. En Junín comenzó a crecer, vivir la juventud y luego ya no hubo tiempo para mirar atrás. Y esto no debe pasar por alto. Las cosas que le sucedieron a esa mujer fueron realmente impresionantes. El sol del mundo peronista la recibía en sus entrañas y ella encendería su núcleo con llamaradas inmensas.

A veces siento que esa parte de este pueblo que odio a Evita actuó como una novia despechada… Buscando razones para odiar donde en realidad, no había razones.

A través de tantos años (como reseña la nota de Herce en esta edición), Los Toldos vivió de la fábula y de ausencias sobre aquella procedencia. Se sabía que Evita había nacido en “La Unión”, que había concurrido a la Escuela frente a la Plaza, pero no mucho más. Las preguntas en algunas voces antiperonistas se aferraban a aquel episodio de la hoja del registro civil de Los Toldos para odiar un poco más a Evita. ¿Por qué nunca más vino? ¿Por qué decía que era de Junín y negaba a Los Toldos? ¿Por qué arrancó la hoja del Registro civil y se inscribió como nacida en Junín? Tronaban amenazantes los reproches.

La historia ya fue repetida hasta el hartazgo, pero merece un lugar en esta edición. Además, actualizamos un texto publicado en la revista “Primera Plana” del día 20 de Julio de 1965, en la sección Carta de Lectores, enviada por el abogado Darío Rodríguez del Pino, hermano de Evaristo del Pino que fuera Jefe del Registro Civil de Los Toldos en aquellos años y trabajaba junto a Felipe Díaz. Esta declaración de Rodríguez del Pino da cuenta de información fidedigna de cómo sucedieron los hechos referidos a este acontecer.

Luego de la situación del arresto en la Isla Martín García y la gloriosa jornada del 17 de octubre de 1945 en que “los descamisados” coparon la ciudad de Buenos Aires pidiendo la libertad de Perón, Eva y Juan deciden casarse. Se amaban, Perón sabía hacia donde se dirigía políticamente, e incluía a su “chola” en ese proyecto. Pero cuando comienzan los trámites para la ceremonia encuentran un “obstáculo” en, justamente, el libro del año 1919. Había algo que entorpecía los trámites para el casamiento.

“Corría 1945, cuando un día se presentó al despacho del Jefe del Registro Civil de Los Toldos una de las hermanas de nombre Elisa (…) Venía a pedir un testimonio de la partida de nacimiento de María Eva y otro a su nombre, haciendo notar que debía figurar con el nombre Duarte”, relata Rodríguez del Pino. “Mí hermano contestó que a nombre de ese apellido no había ninguna partida porque eran hijas adulterinas y, por lo tanto solo figuraban con el nombre de la madre. La peticionante insistió y le rogó hiciera un gran favor que sería bien recompensado, pues María Eva se iba a casar con Perón y éste sería presidente de la República”.

Registro de matrimonio de Eva y Juan D. Perón
De acuerdo a este texto, Elisa le pide al responsable oficial que “modifique” el error. Evita, no podía ser hija natural, porque de ese modo, las altas esferas del ejército que comandaban el gobierno y preparaban las elecciones del año 1946, no le permitirían a Perón casarse con ella. Como se iba a permitir semejante osadía! Ya suficiente el casarse con una actriz tan joven para él. La alta sociedad, muy presente en el ejército y dueña de los parámetros de la moral, no concebía la presencia de “una bastarda” en el gobierno nacional.

Rodríguez del Pino continúa el relato. “Fuimos a ver al Director General del Registro Civil en La Plata y mí hermano le dijo que como funcionario no podían fraguar un instrumento público, dejando al criterio del director, por si él lo quería otorgar. Cuando estábamos en esa conversación, yo le propuse que si esa persona que había hecho el pedido, o la que convivía con Perón, preguntaba por las partidas, le dijera que a su nombre no había asiento alguno y, por lo tanto, correspondía hiciera una información sumaria. Y así quedó archivado el asunto (…)”.

“Pero cuando falleció la que fue primera dama (…) mi hermano sacó el tomo correspondiente (para verificar la partida) en presencia de un senador provincial, y se encontró con que estaban tachados los nombres y comprendieron que se había cometido un delito, fue a ver donde correspondía estuviera el acta de nacimiento y burdamente habían sido arrancadas las hojas, quedando trozos de ellas adheridos al libro”.

Se ordenó desaparecer la hoja en donde estaba registrado el nacimiento de Evita, bajo el nombre María Eva Ibarguren (apellido materno), en el Registro Civil de Los Toldos. Puntualmente Año 1919, folio Nº 183. Según las lenguas pueblerinas, el acto repercutió en ciertos beneficios económicos para quienes tuvieron la osadía de arrancar el acta aquellos días de 1945.

Luego se inscribió a “María Eva Duarte” en el Registro Civil de la ciudad de Junín en el acta Nº 728. En esa acta, figura que Eva nació en el año 1922 y no en 1919. Se estipula que fue en 1922 donde Juan Duarte, su padre, queda viudo de Adela D’Huart y por ese motivo se inscribió en ese año. El acta de bautismo, que claramente dice “7 de Mayo de 1919”, se transforma por esto mismo en “el único documento fidedigno de infancia de Eva”, como repitió su confesor el Padre Hernán Benítez.

FUENTES de Notas “Aquellos Años en Los Toldos” y “El dedo en la Matrix”:
-Simplemente Evita. Carlos Salvador Mac Donnell. Ed. Corregidor 1996.
-Evita. Marysa Navarro. Edhasa. 2005.
-Eva Perón. Sin Mitos. Fermín Chávez. Ed. Fraterna. 1990.
-Evita, esa mujer. Cuaderno Nº 5 Caras y Caretas. 2007.
-Evita. Felipe Pigna. Planeta. 2007.
-Evita. El retrato de su vida. Tomás De Elia y Juan Pablo Queiroz. Brambilia/Rizzoli. 1997.
-Eva Perón en la Historia. Fermín Chávez. Ed. Oriente. 1986.

4 comentarios:

  1. hola soy mirta susana higueras de junin quisiera si se puede alguna informacion relacionada con el sertamen reciente de cultura organisado por la señora marta patti y si se puede el correo de el periodico impacto mi correo es mirta_susana_09@hotmail.com gracias saludo cordialmente mirta susana higueras
    junin 17/08/2010

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  2. Hola muy lindo un hermoso informe. Mi nombre es Evangelina Celeste Burgui, bisnieta de Elías Bechara Roucos, mi abuelo Justo Elías Bechara Roucos y mi madre Blanca Ines Bechara Roucos. Mi madre siempre me ha contado la historia de mi bisabuelo y hasta he visto fotos de él con el auto de Evita. Gracias!!

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  3. Evita para mi sos unica irrepetible en mi corazon que dios te ilumine eternamente te amo por siempre hasta la muerte

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  4. EVITA...una Mujer como nadie en estas regiones infernales..Donde los seres Humanos , están Hipnotizados por los falsos políticos.. y una vida ILUSORIA.. Ella trajo aires de otros cielos para SER ?? un poco mas llevadero la VIDA'?? en estas Pampas.. y todavía tenemos , opiniones de BESTIAS Intelectuales que tratan de humillar su Karisma..

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