19/6/09

Máximo Coñequir: La misión de un hombre simple

Esta nota es un anticipo del número 29 de LaManuelaMolina, que estará en las calles en algún momento de la próxima semana.

por Antonio Andrés Adamini
Don Máximo Coñequir lleva adelante lo que llaman “un Centro de Salud Intercultural” en las instalaciones de la Estación de Ferrocarril de Olascoaga, en el Partido de Bragado. Día tras día concurren hacia él cientos de personas en busca de una solución para males y dolencias varias entre los que se encuentra el cáncer. Allí los espera un lugar en donde “solo está Dios, la naturaleza y un hombre simple, sin título de nada”. Conozca su pensamiento.


Seguí leyendo... Máximo Coñequir esta parado frente a un escenario en donde se suceden números folclóricos y musicales. Es la tarde del 19 de abril de 2009, el sol alumbra en todo su esplendor y la comunidad mapuche de Los Toldos está de festejos: Es el día del aborigen. Hay quienes venden artesanías, quienes comen tortas fritas o toman mate, y quienes charlan en clima de reencuentro. Otros, como Coñequir, simplemente disfrutan del espectáculo en silencio. Alguien se acerca a mí y me dice ¿viste quien está ahí?, si, lo había notado y de hecho estaba esperando la oportunidad para hacerle unas preguntas.

Don Máximo ha tomado relevancia en los últimos tiempos porque cada vez llega más y más gente a su centro de atención de salud. Y muchos de ellos prestan testimonios a quienes quieran oír para decir que se curaron. Las cámaras de los medios nacionales han llegado hasta la localidad de Olascoaga para mostrar ese “nuevo espacio de creencia popular”, y Máximo recibe el llamado de los periodistas desde las radios capitalinas que desean saber qué es lo que sucede allí, cerca de Bragado. Máximo Coñequir se ha vuelto famoso. Será el momento entonces para que brinde algunos conceptos a la gente de Los Toldos. Me acerco, nos presentan y me saluda con amabilidad.

Tal cual nos relata Don Máximo, Olascoaga tuvo su origen por el asentamiento de la tribu mapuche del Cacique Melinao, que llegó a instancias de Juan Manuel de Rosas a estos parajes, en el año 1845. “Allí vino mi abuelo, cuarta generación”, asegura Máximo. “Por eso decimos que somos un pueblo de raíces mapuches. Sobre la laguna llamada la barrancosa se asentó Melinao y su tribu, una tribu chica. Pero eran indios amigos, como Coliqueo, tenían grado militar. Capitán de caballería. Integraban el regimiento coronel del busto. Se llamaba la barrancosa hasta 1883, donde se inaugura la estación FCO. A partir de entonces se le da el nombre de General Olascoaga, que abreviado queda Olascoaga nomás”.

Don Máximo Coñequir nació en el año 1934. Vivió toda su vida en esta pequeña localidad y allí desempañaba su actividad como mecánico chapista. Ya desde entonces, supo que había algo diferente en él. De hecho, su taller se convertía sin más en una sala de sanación de dolencias. “Mi última actividad fue de mecánico chapista durante 32 años. Y mi hobby era curar gente. Venían con toda clase de dolores y ahí nomas dejaba el soplete, y los hacia sentar en una silla vieja ahí mismo, sin ceremonia ni nada”.

Desde hace dos años, Máximo Coñequir atiende en un Centro de Salud “Intercultural” que cuenta con el aval del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. La idea es que los conceptos medicinales ancestrales y occidentales puedan convivir en un mismo espacio donde se respete con el mismo valor las prácticas de atención de la salud que utilizaban los pueblos originarios, y la de la medicina occidental, o huinca. Pero tal como refiere Coñequir, es difícil llegar a esto: “La medicina y nosotros hacemos lo mismo para un mismo fin, una misma persona. Es una alternativa que existe. En realidad se pensaba que podríamos trabajar juntos a los médicos, pero yo considero que eso es impracticable. La gente prefirió venir a verme a mí directamente. Los médicos aceptan que lo que ellos no pueden solucionar ellos, lo atienda yo. Y mucha gente viene en mi búsqueda y la mayoría de ellos encuentra solución. Mucha gente viene y lo hacen desde muy lejos”.

Si podríamos hallar de manera superficial el origen de la problemática que lleva a que el sentido de interculturalidad en salud sea impracticable en Olascoaga deberíamos observar en los objetivos reales que llevan a un Ministerio a definir y organizar un centro “intercultural”. El concepto mismo es muy complejo, y de igual modo debería ser su sentido de acción. Pero la ecuación entre Políticas / Objetivos estratégicos / y Política electoral no termina bien. Hay quienes recordarán al Ministro de Salud Bonaerense de apellido Mate que se vistió ridículamente de gaucho, con sombrero y poncho, para inaugurar este espacio en el año 2007. Una nota titulada “La interculturalidad retrocede cuatro casilleros” del Dr. Jorge Herce (Edición Nº 14 Septiembre de 2007) donde se daba cuenta de aquel acto y ponía en tela de Juicio las intenciones del Ministerio de Salud en su afán de interculturalidad, daba cuenta de esto. Queda entonces la sensación de que el Centro Intercultural ha quedado en manos de una parte, y no esta mal, al contrario, porque esa parte es la parte no occidental, no avalada científicamente. Pero no se logró llegar al objetivo primordial, tal vez, por la despreocupación del Ministerio de Salud provincial luego de las fotos de rigor.

Lo cierto es que más allá de estas cuestiones de definiciones políticas, Coñequir continúa con “su misión”. Allí, en la estación de ferrocarril ha armado su lugar. “Nosotros nos corrimos hasta la estación, que ya no se usa, y fue utilizada para el centro de salud. Yo me la agarré para mí. Es un decir, no… Todo el mundo sabía que estaba a mí cuidado, le puse llave y la arreglé. Se conservó hasta nuestros días. Y ahora surgió esto del Centro Cultural”.

En Agosto se cumplirán dos años de la instalación “oficial” del Centro de Salud. Ya han pasado por allí 6700 personas. ¿De dónde vienen, y con que males? “De Comodoro Rivadavia vienen, de Entre Ríos, Corrientes, La Pampa, los partidos de la provincia. Los pueblos aledaños, que se enteran por la radio y la televisión. La gente llega con los males más difíciles. Muchos de ellos vienen enfermos con cáncer… muchos de ellos se solucionan y también llegan con el tema de reumatismo, dolores de cabeza, cintura, cervical, de cabeza, de rodillas, de hombro, estomago, te diría que mi especialidad es sacar dolores. Es una técnica que lleva 30 minutos de aplicación, al cabo de la cual la persona queda sana. Es una sola vez. No hay que venir todos los días. Yo no doy ninguna clase de remedio, no hay que pagar nada, no hay que hacer ninguna ceremonia, no hay que hacer nada. Solo ir y contar lo que tiene nomas, y se puede solucionar.
Porque esto no tiene explicación científica. Es una gracia de Dios. Uno quizás ya haya nacido así, porque estas cosas no se aprenden ni transfieren, se nace con ella. Y supimos que sirve”.
La gente llega una tras otra al Centro de Atención. Es cierto, hay gente que se cura. Y no se puede explicar desde nuestra concepción de mundo y ciencia. Es “ese algo más” que pervive sobre y dentro de cada uno de nosotros.


“Le puedo contar el caso del sábado pasado. Vino un hombre de Rafael Castillo en la Provincia de Buenos Aires y le digo:
-¿Qué tiene?
-Tengo cáncer en la boca, fíjese acá… tengo todo esto duro, e hinchado acá, atrás de la oreja. Un tumor…
Me pareció, o intuí que era fácil. Hice imposición de manos durante cuarenta minutos o más, y fíjese que ese tumor que tenía detrás de la oreja desapareció… y el dolor se le fue totalmente. Y me dice:
-Recobré la sensibilidad acá atrás, no sentía nada.
-No le duele nada. –le pregunté-
-No. Nada.
-Entonces está curado… -le dije-
Y el hombre lloraba… y en realidad se le deshinchó todo, y ya no le dolió más nada.
Eso no tiene explicación científica. A qué médico le puedo decir que es posible hacer eso. No lo va a creer. Tendría que verlo sufrido, ¿no? Pero eso es un ejemplo. Todos esos dolores de culebrilla, que no tiene cura por la ciencia occidental, la hernia de disco, el reumatismo, que tampoco la medicina tradicional tiene cura, se soluciona luego de veinte minutos”.
Máximo Coñequir atiende prácticamente todos los días en Olascoaga. “Estoy todas las mañanas desde las 8:30 hasta la 1 y 1:30 vuelvo. Descanso los domingos y los miércoles. Y aún estando en casa descansando siempre alguien viene y bueno, es como algo que uno tiene que hacer y no puede dejar de hacerlo. Y menos decirle a alguien que viene dolorido, ándate que hoy no atiendo. Porque esto es altruista, esto no es comercial. Esto es una misión que uno tiene y que he asumido con responsabilidad y con entusiasmo. Porque mi mejor ganancia es saber que alguien se curó”.
“Yo los veo venir y me preguntó qué tendrán, que les podré hacer yo para que vengan a mí. Y bueno, nos ambientamos, y al ratito el ser supremo, el Ngenechén, decide que tengo que hacer. Y al ratito que están ahí ya se sienten bien. Y el acompañante que se sienta también allí caen en un ambiente de ensueño, en una relajación total… o al ratito empiezan a bostezar. Es el clima, el ambiente que hay en el lugar. Donde advertimos el olor a naturaleza. Los perros, de vez en cuando un tren. El lugar es un espacio propicio para esto. Y el ministerio de salud no logro encontrar otro espacio como este. Estamos la naturaleza, nosotros y Dios, no hay ambiente más propicio para una sanación que éste. Y el consultante también entra en un trance y llega a un estado en donde esta semi dormido, y ahí es donde actúa el espíritu de la sanación. Lo que llegan afligidos, nerviosos o con depresión se van sonrientes. Ese espíritu entró en su cuerpo, le lavo el aura, y lo dejó a punto energéticamente”. Explica mansamente Coñequir.

Pero, cómo siente esta “condición”, cómo la ha razonado y la ha incorporado en su vida. A qué atribuye Don Máximo este ¿don? por llamarlo de algún modo. “Pensé que esto iba a ser más difícil. Y como no anda nadie, y solo se escuchan los pajaritos, hay un silencio por demás, y es un lugar donde nadie los conoce, y allí, frente a quien llega, el Ngenechén pone a alguien simple. Un persona sin título de ningún tipo. No va a encontrar un sanador que sea rico, militar, o profesional encumbrado. Dios le ha dado la oportunidad a alguien simple. Ngenechén así lo marca. Esa es la misión que tengo acá. No la busqué, se dio sola. Tuve que esperar 73 años para que me llegara. Los últimos 50 años yo estudié ciencias ocultas, parapsicología, espiritismo, investigando, interiorizándome, y sin saber demasiado para qué. Era para esto.
Mas la sabiduría que nos da la vida. Porque ¿sabe? La vida no falla. Ese es el mejor diploma. Siempre que uno haya estado observando”.

Finalizamos la charla y hay gente que espera a un costado de la Casa Cultural Mapuche de Los Toldos para saludarlo y agradecerle. Don Máximo es una persona conocida y respetada. Llama la atención su suavidad al hablar, y su convicción en lo que hace.

¿Cómo llevar adelante la convicción de poseer el don de curar con el espíritu? Me pregunto mientras vuelvo caminando suave por calle Coliqueo. Hay algo en mí que me genera felicidad, energía, buenaventura. ¿Será él? pienso. El domingo comienza a despedir el sol, la tarde se torna triste.

1 comentario:

  1. hello... hapi blogging... have a nice day! just visiting here....

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